El miedo a cumplir años

Casi todos tenemos la facilidad de no pensar en los años que vamos cumpliendo, no somos conscientes hasta algún momento en que alguien nos trata de Sr/sra o abuelo/a, en ese momento nos percatamos que vamos cumpliendo años pero seguimos teniendo un espíritu joven que debemos mantener eternamente y no permitir que eso nos afecte.

Quién no ha mirado una foto que le acaban de hacer y dice “¿pero yo tengo esas arrugas? esa cámara es malísima”, o cuando a un jubilado le proponen asistir a un baile de pensionistas y dice “eso es para gente mayor!”

Sin falta de ir tan lejos, cuantas personas han pasado delante de alguien mucho más joven y piensa que les puede resultar atractivo.

Pero hay que tener en cuenta que en muchas culturas eres joven hasta los 25 años y pasados esos años vas tarde para formar una familia, y cuando llegas a los 40 ya debes ir pensando en tu jubilación y en correr con los nietos, algo que a nosotros nos parece imposible. Pasa lo mismo si vamos atrás en el tiempo donde los tramos de edad eran mucho más cortos.

Se puede decir que hay períodos o etapas que vamos dejando atrás, de los 10 a los 20 estamos en la adolescencia donde creemos que tenemos razón y nos comemos el mundo aunque sabemos que contamos con el beneplácito de la infancia que nos protege, de los 20 a los 30 nos damos cuenta que hay que luchar para conseguir un sitio en la sociedad, descubriendo el trabajo y el esfuerzo por salir adelante, de los 30 a los 40 creemos que ya encontramos el camino y solemos tener un hábito y un plan de vida consolidado y acorde a lo que espera la sociedad de nosotros, de los 40 a los 50 nos replanteamos si lo que nos parecía perfecto de los 30 a los 40 realmente era  lo que queríamos para nosotros, de los 50 a los 60 los que han tenido la suerte de ir en busca de sus sueños cuando tenían entre 40 y 50 estarán disfrutando de una etapa plena llena de satisfacciones, de los 60 a los 70 encontraremos la búsqueda del ocio en el entorno, de los 70 a los 80 seguiremos encontrando en el ocio y en la familia momentos de satisfacciones y a partir de los 80 nos convertimos entonces en unos abuelos adorables y por qué no llenos de salud y vitalidad, pero en todos los casos el espíritu siempre joven!

Lejos de ser todo esto algo fuera de lugar, o no bien visto para esa edad, el sentirnos eternamente jóvenes es muy positivo, hay estudios que demuestran que tener una percepción joven de sí mismos sólo se modifica en caso de mala salud y sin embargo las investigaciones prueban que sentirse joven está relacionado con una mejor salud, ya que aumenta el optimismo y la motivación para superar obstáculos, reduce el estrés y mejora el sistema inmunitario, lo que reduce el riesgo de enfermedades.

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Publicado el 14 marzo, 2012 en TERCERA EDAD y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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