Relatos llenos de vida!

Lo que más me gusta de mi trabajo, es cuando voy a visitar a alguno de nuestros mayores para ver cómo están con su nueva empleada ó para llevarles algún encargo, y a veces me siento un rato con ellos para compartir alguna charla de sus vivencias en sus tiempos más jóvenes.

Empiezan a hablar poco a poco, y sabes que les encanta compartir y rememorar sus recuerdos, y al escucharlos te transportan con sus relatos al momento mismo de aquélla época sin ni siquiera darte cuenta.

Os quiero contar la vivencia que me han contado hoy, porque me ha encantado y sobre todo por ver a aquél señor como disfrutaba rememorando y contando esa historia.

Lo curioso es que no recuerdo muy bien por qué me empezó a hablar de su mujer, que falleció hace ya dos años, pero en un momento de la conversación me dio por preguntarle ¿cómo se conocieron?

Me contó que ella era vecina de un pueblo cercano y que la veía cuando iba caminando a la escuela que estaba en el pueblo de él. Se escapaba de sus quehaceres diarios para mirarla a escondidas cuando pasaba, y se llevaba decepciones los días que ella no iba. Era cuatro años mayor que ella y tampoco se atrevía a hablarle.

Así se tiró todo un año, hasta que al verano siguiente la encontró en un baile y la sacó a bailar, ella le dijo que no, al mes la encontró en otro baile, se tragó su orgullo y la volvió a sacar a bailar, le volvió a decir que no. Esa noche decidió aceptar la propuesta de su hermano, que se había marchado a trabajar a Alemania, y al mes siguiente, con sus pocos ahorros, se marchó a un país que pensó que era de locos porque no sabían hablar.

En ese tiempo cada día se acordaba de ella, hasta que pasado casi un año, por  casualidades de la vida, le llegó una carta de su hermana donde le dice que su “amada” preguntaba a menudo por él, entonces decidió una vez más tragarse su orgullo y escribirle una carta a ella, la sorpresa fue que al cabo de un mes recibe su respuesta, no os voy a decir lo que traía, pero aunque parezca increíble la vi, una hoja amarillenta eso sí, guardada en una caja de latón en el mueble justo al lado de donde yo estaba sentada. Pero esta carta, hizo que inmediatamente él ideara un plan para volver a su pueblo, reservando su trabajo para su posible vuelta, vino y la buscó, se declararon y convinieron que él se marcharía otros seis meses para ahorrar y volver para casarse con ella, como así fue.

Me gustaría aún más contaros la intensidad con que me estaba contando su historia, pero hay que estar allí, era tal que incluso cuando me contaba la escena del baile, me llegaba a imaginar, recordando antiguas fotos de mis abuelas de aquéllos bailes de la época, a él sacándola a bailar.

Total que salí de allí dejando atrás a aquél anciano con la carta todavía en la mano, y el propósito de que algún día llevaré todos esos relatos al papel, para dedicárselo a todos ellos y que nunca queden en el olvido!

Anuncios

Publicado el 26 marzo, 2012 en TERCERA EDAD y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 1 comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: